Las indagaciones | Entrevista a Carlos Bueno Vera 18 noviembre, 2020 – Publicado en: Blog, Editoriales, El Pomo Roto – Etiquetas: , , , , , , ,

Cavaban y nada más oían;
y no se hicieron sabios ni inventaron un canto
ni imaginaron un lenguaje nuevo.
Cavaban.

Paul Célan, Cavaban

A finales del mes de septiembre se publicaba, bajo el sello editorial de La uÑa RoTa, este pequeño libro lleno de sorpresas. Ubú lo leyó con atención y, de esa lectura, surgieron un montón de preguntas que enviamos a Carlos Bueno Vera, su autor, con la intención de establecer una humilde conversación literaria en torno a Las indagaciones. La entrevista está llena de misterios: no os la perdáis.

·······

Las indagaciones presentan breves porciones textuales en las que ocurren altas concentraciones de sentido. ¿Buscas en este libro una brevedad intensa?

Una parte importante de la escritura de este libro está relacionada con la lectura de escritores de eso que solemos llamar aforismos, apuntes o notas, esto es, de “brevedades intensas”. Aunque Las indagaciones no es un libro de aforismos, leí con sumo interés (y sigo leyendo) a Lichtenberg, Pascal, Canetti, Joubert, Chamfort… Me interesaba no sólo lo que pudieran decir en ese mundo de sentencias y de esbozos, sino la construcción del pasaje, del párrafo. Esa concentración intensa tiene una estructura muy particular que intenté llevar a cabo a otro ámbito, al de lo eminentemente literario, pero aprendí mucho de ellos y pienso que algo de lo que aprendí se trasladó a la forma de las piezas o porciones que conforman el libro.

 

¿Cuántas distintas pantallas tiene este libro-juego, libro-enigma? ¿Hay un monstruo final?

Creo que Las indagaciones está construido de tal modo que tiene muchas pantallas, muchos biombos y muchos velos. Al final, lo único que hay, lo que siempre aparece, es otra pantalla, otro velo y detrás de ese, otro más. Y así hasta que caemos agotados, hasta que no podemos cruzar más velos. El enigma no acaba, nunca se acaba, porque su fin es que no tiene fin, se reinicia constantemente: el enigma, como desbordamiento del lenguaje, del significado del lenguaje, no tiene fin.

Con respecto al “monstruo final”, recuerdo un libro de Barrio Sésamo que se llama The Monster at the End of This Book, publicado en 1971. La cuestión es que Coco, el protagonista, nos explica al principio del libro que, ahora que sabemos que el monstruo está al final del libro, si no pasamos las páginas, no llegaremos a verlo; está aterrorizado sólo de pensarlo. Coco nos pide claramente que no pasemos las páginas, por favor. Y cuando las pasamos nos dice que no, que no lo estamos entendiendo; desesperado nos interpela “¡oh, no, has pasado otra página!”. Nos recuerda que hay un monstruo al final del libro y que si las vamos pasando le llevaremos a él también al final del libro. Intenta convencernos de que no lo hagamos, intenta ponernos impedimentos, en una página incluso construye un muro. Pero nosotros los vencemos y no hacemos caso a Coco (¿qué hay en el ser humano que hace que no hagamos caso de ciertas advertencias?; ¿qué mayor advertencia que decirnos que al final del libro hay un monstruo, la materialización del horror, de lo inimaginable?) y seguimos pasando las páginas…

Así que diré que sí, que hay un monstruo final para todo aquel que llegue al final del libro y que los enigmas nos entusiasman. Vivimos desde pequeños ensimismados por ellos.

 

Si Las indagaciones es una novela es quizá porque se advierten varios hilos conductores en forma de temas y personajes recurrentes. ¿Qué nos puedes decir de esos personajes: los que cavan, de Él y Ella, Hecho y Objeto o el Fantasma, entre otros?

Esos personajes, aunque tienen sus peculiaridades, como los que mencionas, o la pareja de mendigos, el sabio y su discípulo o el rey y el príncipe, juegan con el arquetipo. Lo que se pretende al utilizar el arquetipo es ponerlo en duda, en conflicto, y los he situado en oposición: son siempre parejas, duplas, para que se contradigan, para que se ponga en tensión verbal constante. De este modo, se desarrollan estos personajes narrativamente y, en ese sentido, pienso que podría defenderse con facilidad que Las indagaciones es una novela. El hecho de que se desarrollen, de que progresen, de que sufran transformaciones, es lo que hace que uno pueda plantearse que sea una novela.

Por otro lado, el libro se pregunta sobre este tipo de divisiones de género literario. Sin duda, el carácter híbrido del libro es lo que impulsó la escritura del mismo. Si es una novela, Las indagaciones lo será en términos poéticos y eso no hace que deje de ser una novela; si es un libro de poesía, Las indagaciones lo será en términos narrativos y no por ello es en menor medida un libro de poesía.

 

Si Las indagaciones es poesía, es quizá porque la escritura está llena de nudos y cuentas de collar que no buscan una revelación, sino mantener el misterio. ¿Es un trance, una forma de oración?

No lo considero como una forma de oración en el sentido de rezo, pero sí creo que se convoca y pretende un trance para que se despliegue el misterio, que es lo que ocurre cuando ocurre la poesía. Es, en definitiva, lo que puede lo poético; es lo que consigue específicamente la poesía: ese es su pensamiento.

Además, me gusta mucho la imagen del libro como collar en el que sus cuentas lo van conformando, con cuentas que se repiten para generar un patrón y con cuentas distintas para ofrecer complejidad: así, pienso, se ofrece un sentido. O por decirlo como lo escribió Joubert, al que hemos mencionado antes: “En el lenguaje ordinario, las palabras sirven para nombras las cosas, pero cuando el lenguaje es realmente poético, las cosas sirven para nombrar las palabras”.

 

Si Las indagaciones es teatro, ¿es quizá por esa concepción del mapa del tesoro como escenario donde se suceden todos esos conflictos dialécticos entre los personajes y los símbolos?

Defender que este libro podría entenderse dentro de cualquier género literario es algo que me entusiasma y que se pueda considerar teatro tiene que ver con la publicación en libros de los proyectos teatrales de Rodrigo García o Angélica Lidell en los que no hay un mero registro de intervenciones acotadas de los actores, y en los que los márgenes del texto teatral como nos resulta reconocible se ven superados. Me recuerda Carlos Rod, editor de La uña Rota, que Rodrigo García dijo en su momento que los textos vivieron y ardieron en el teatro y que su libro era un saco de cenizas (hablaba de Cenizas Escogidas, publicado en 2009, que recoge su producción teatral durante dos décadas): el texto como una forma de ceniza, motivo de algo que antes ardió. Me gusta esa idea.

La importancia fundamental del diálogo, un diálogo narrado, dirige en muchos casos las piezas: es gracias al diálogo que los personajes o los símbolos que pueblan el libro quedan transformados o puestos en cuestión en sus identidades. En ese sentido de tensión dialéctica que conforma, siento especialmente que el libro pudiera entenderse que tiene una pulsión teatral.

 

“Es un libro que tiembla en la mano del lector”. Citamos directamente de tu obra. ¿Hay que agarrarla con fuerza para que no nos abrume? ¿Recomiendas alguna postura especial para leerla? Codos apoyados en la mesa, posición horizontal sobre la alfombra…

No deseo, no espero, que sea un libro que abrume, sino que conmueva: que emocione en ese sentido en el que avive el seso. Que anime la mirada. El momento en el que se cita esa frase tiene que ver con la necesaria y preciosa inestabilidad del texto dentro de su pertenencia al mundo del libro. Que el libro tiemble en las manos del lector, que el lector queda descolocado, que el lector se ve en un lugar en el que lo que creía saber sobre lo que es un libro (y sobre lo que es el mundo, siendo el libro un símbolo de lo que es el mundo) se supera. Que eso ocurra sólo ayuda a sumirnos en la reflexión del lugar que el yo ocupa en el mundo.

Y quizá más que una posición específica para su lectura, pienso que es un libro que haya que sacar de casa, que debiera uno llevar en el bolsillo (físicamente, pensé que debía tener el tamaño suficiente para que nos entre en el bolsillo de un abrigo), y leer a ratos, en un banco, o tomando un café o un vino. Las indagaciones, por cierto, es un libro que también funciona bien en lugares insólitos como, por ejemplo, en un desguace, se me ocurre, sí: sentaos a leedlo ahí. Pienso que le va. Cruzad las piernas y sentaos en cualquier sitio de ese desguace.

 

Hemos hablado también con Carlos Rod (tu tocayo y editor del libro en la uÑa RoTa ), queríamos conocer sus impresiones sobre estas Indagaciones como colofón. ¿Qué te gustaría añadir de la editorial y del proceso de edición del libro?

Sobre La Uña Rota y el trabajo de edición que hizo Carlos Rod quiero decir que fue absolutamente fundamental en relación con lo que uno lee, desde la primera palabra a la última. Su cuidado, su lectura y su capacidad para atender al detalle y las discusiones que tuvimos sobre esos detalles, mejoraron el libro en innumerables cuestiones. No podría estar el libro en mejores manos y me he sentido muy afortunado de haber realizado este trabajo con Carlos, y de volver a publicar con ellos tras Materiales para un derribo (la uÑa RoTa, 2018). Siempre he sentido mis proyectos e ideas acogidos por ellos.

¡Muchas gracias, Carlos!

 

Y, como se anunciaba en la última pregunta formulada al escritor, la curiosidad siempre, siempre, mata a las gatas. No podíamos concluir esta entrevista sin contar con Carlos Rod y sus palabras apuntadas desde ese prisma creador que es la edición.

 

¡Hola, Carlos! No queríamos despedir este viaje por un libro como Las indagaciones sin escudriñar un poco (siempre menos de lo que nos gustaría) en tus palabras. ¿Qué puedes contarnos de él?

Las indagaciones llevan detrás un largo recorrido preñado de lecturas y reflexiones. No habíamos publicado todavía su anterior libro, el tríptico Materiales para un derribo, formado por tres poemarios que de alguna forma conforman un ciclo poético, cuando Carlos ya daba noticias de su escritura.

He tenido la suerte de asistir al nacimiento del libro, a sus primeros titubeos en forma de texto embrionario. Igualmente, he tenido la suerte de verlo crecer y decrecer, de ver cómo Carlos Bueno añadía y tachaba y emborronaba el original: un texto inédito, en marcha, tiene esa capacidad: no por menguar pierde en calidad. Incluso he tenido ocasión de ver el texto entrar en barrena. Me gusta la definición que ofrece una web de la expresión entrar en barrena:

Empezar a descender un avión de manera brusca girando sobre sí mismo en espiral y en posición vertical, por faltarle la velocidad necesaria para mantenerse en el aire.

Así es, un texto puede empezar a girar sobre sí mismo y puede que, en un momento dado del proceso, pierda velocidad y apenas tenga consistencia para mantenerse en el aire. Ahí es cuando surge el diálogo.

Después de varios años de gestación, autor y editor nos reunimos en una casa rural para trastillar el texto, que es como limpiar de hierba las calles de los parques y jardines. Lo leímos en voz alta y despacio. Contamos también con las sugerencias y asesoramiento de Ángela Segovia por videoconferencia.

Emplear tres días a trabajar un texto en un lugar que, además, invita en las pausas a bañarse, escuchar música, pasear, cocinar, comer y beber, es una manera directa de habitarlo. La idea era despojar el texto de todo lo que nos sonara innecesario.

Carlos Bueno supo mantener el tipo como autor. Como es natural le dolió tachar. Creo que finalmente salió ganando el texto. Un texto enriquecido listo para editar.

En la elaboración de un libro intervienen muchas manos y, detrás de cada decisión, hay un pensamiento, una idea. De manera que, gracias a la maquetación cuidada de Arcadio y a la cubierta de Edi, diseñada con tanto esmero, terminamos de editar Las indagaciones.

Dos meses después de que saliera de imprenta, nos satisface mucho ver el libro en librerías como Ubú. Os damos las gracias.

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