La extranjera, de Claudia Durastanti 7 septiembre, 2020 – Publicado en: Blog, Editoriales – Etiquetas: , , , , , , , , , ,

¿Cómo nos llega un libro? ¿Cómo nos llama, nos apela, entre tanta masa de papel? Y más, si tuvo la mala fortuna de salir el pasado marzo de este año; no llegó a la librería hasta finales de agosto. ¿Dónde nos toca exactamente – y el qué, importante – para decidirnos a leerlo? En este caso, La extranjera me fue recomendado por alguien a quien a su vez le había sido recomendado. Este factor tiene parte de culpa – no lo neguemos, más cuando las afinidades lectoras pueden ser cercanas. Pero a mí, de verdad de la buena, me cautivó el apellido de la autora; su musicalidad. Yo lo digo así:

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con la segunda a muy grande y muy larga. Y la T, fuerte. Influyeron también un poco la portada (una silueta femenina echando humo), el título, sencillo y sugerente, y el argumento. La faja no, las fajas no me gustan. Sobre todo, fue el apellido.

El desarraigo no tiene por qué venir dado únicamente por los cambios de países o ciudades. El desarraigo puede llevarse dentro. Estar condicionado por la extrañeza de las circunstancias personales con respecto a las de las personas que nos rodean. Si nos criamos en un estanque de patos y somos una rana, una rana con familia de ranas, las crías pueden a lo mejor pensar que la ausencia de plumas es una anomalía, porque no han visto más ranas que ellas mismas. Estas ranas en el estanque de patos, ¿no son acaso una extranjería? Por mucho que la charca de la que se mudaran distara veinte metros escasos del estanque de patos, las ranitas pueden sentirse verdaderamente desarraigadas.

La extranjera nos plantea la cuestión de la extrañeza del entorno propio frente al que nos rodea en muchos aspectos: la familia, la nacionalidad, el idioma, los acentos, los viajes, las costumbres… Nos cuenta muchas cosas. De hecho, es una novela llena de anécdotas, pero ágil, sin excesiva descripción, divertida, pero con su dosis justa de drama – nos gusta el drama – y, sobre todo: nada autocompasiva.

La literatura nos llega, como los libros, de muy diversas maneras según el instante o la etapa en que nos encontremos. Pero quien la narra ha asumido la responsabilidad, amorosa, de contemplar todas las formas posibles de acercarse a ella. Así nos descarga del peso interpretativo único, porque piensa en la persona que lee cuando escribe. Inevitablemente. Por eso nos ponemos en sus manos; somos hijos de la narración. Siempre busco, o busco encontrar, ese componente maternal de la narrativa. Con Durastanti así lo he sentido: permite que te dejes llevar por la historia y te aferres a aquello que te ha asaltado en el momento propio en que la estás leyendo. Durastanti asume la responsabilidad de la palabra y nos entrega una novela, para que la hagamos nuestra.

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Entrevista a Claudia Durastanti en El Periódico el pasado 12 de marzo (enlace)

Traducción de Pilar González Rodríguez

Editorial Anagrama

18,90 €

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Teresa Soto Tafalla

Traductora y librera de Ubú Libros

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