Independientes 25 noviembre, 2015 – Publicado en: Cosas – Etiquetas: , ,

esd-congreso-02La semana pasada Ubú Libros estuvo presente en el Congreso Internacional de Editoriales Independientes: Patrimonio Literario y Mercado Editoriales (18-20 de Noviembre de 2015). Nos acercamos a la Facultad de Filosofía y Letras de Granada con un buen montón de cajas repletas de lo más granado en edición independiente, y además fuimos invitados a participar, el jueves 19, en una mesa redonda junto a Antonio Castillo (Distriforma), y Tiffany Martínez Sánchez (de la Asociación El Vaso Roto). Los organizadores nos habían pedido que diéramos nuestro punto de vista acerca del tema y también que contáramos alguna que otra cosa sobre la trayectoria de nuestra librería. Esto que sigue a continuación fue el texto de nuestra intervención:

Buenos días,

Agradezco mucho a la organización del congreso su invitación a participar en este encuentro. Es un placer estar en la Facultad, por un lado por escuchar a otros profesionales y por otro acercando los libros de editoriales independientes a los estudiantes y observando sus reacciones.

Tengo un librería desde hace dos años. Antes de abrir sus puertas trabajé unos siete años en la mejor librería de segunda mano que conozco. Fue en esta librería donde realmente empecé a leer y a distinguir unas editoriales de otras, primero por el logotipo, como si fueran coches, luego el interior. Ahí descubrí las cubiertas de alianza de Daniel Gil, los libros reno y las extrañas portadas de la colección Rotativa, por poner un ejemplo. También tuve la suerte de poder escuchar miles de conversaciones entre los parroquianos, el librero jefe y los vecinos del barrio. En mi caso, creo que fue esto lo que comenzó a convertirme en librera.

Lejos de la vocación heróica que se atribuye a esta profesión, la principal ambición que tenía cuando abrí Ubú Libros era mejorar la calidad de mi vida y la de mi familia, emplear mejor mi tiempo mientras hacía lo que mejor se me daba: mover libros de un lado a otro. No tenía mucha idea de cómo se manejaban las cuentas ni de cómo funcionaba el mercado lo que por un lado hizo que tuviera que aparender muchas cosas y esforzarme mucho, pero también me evitó tener miedos y prejuicios totalmente innecesarios. Se da por hecho que un buen librero debe ser una especie de loco soñador, un valiente que no necesita comer, y a la vez un prescriptor, una especie de médico del alma. La realidad, como en muchas profesiones utópicas, es otra. Igual que en el caso de los pequeños editores, me temo que sobrevive quien aprende a hacer malabares con las cuentas sin perder el entusiasmo. Este es un trabajo que genera bastante estrés y uno de los sectores que más se queja de sus propios, mal llamados, consumidores.

Antes de abrir mi librería hubo que darle un nombre que me permitiera proyectarla y comenzar a gestionarla. Decidimos llamarla Ubú Libros. Pero ¿qué es Ubú?¿Quien es Ubú? Me lo han preguntado muchas veces. Ubú es una broma, una gamberrada. Es el personaje principal de una obra de teatro escrita por Alfred Jarry a finales del siglo XIX. Ubú, rey. Ubú es una especie de esperpento de dictador, una pantomima grotesca y bastante simpática de la guerra, las jerarquías y el abuso de poder. El motivo por el que llegamos a ese nombre fue casual. En un principio la librería iba a llamarse Almacén de Huevos, por ese local tan bonito de la calle Trinidad. ¿Por qué el huevo? Parecía muy lógico: Un huevo es una unidad de sentido completo, todo está dentro, es una semilla, y alimenta como un libro. Nos acordamos de Ubú Rey con su enorme panza, como un gran huevo. Nos acordamos de la Patafísica, esa ciencia incoherente dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones. Encontramos un local pequeño, con un alquiler razonable, en el que metimos todos los libros que pudimos y una mesa camilla para que mis hijos hicieran los deberes. Queríamos divertirnos y a la vez comprar libros, leerlos, venderlos, vivir mejor. Tengo que decir que esta idea de trabajo tranquilo en solitario duró poco. Ubú está hecho de muchos anónimos que desde el principio aportaron ideas, carpintería avanzada, arquitectura de relleno de cajas, cañas y apoyo moral, catalogación en la penumbra, actividades como el club de lectura, los talleres, etc. La Librería ahora mismo es una suma de individuos que han colaborado con su conocimiento y su tiempo y que han hecho de Ubú su casa. Algunos eran amigos de antes, la mayor parte los hemos hecho desde entonces.

Hablemos de nuestros libros: El criterio por el que me manejo en el océano de editoriales ha sido siempre bastante intuitivo aunque también procuro no dejarme llevar por mis preferencias personales y atender a la calidad y al interés de los textos. He intentado en estos años construir un fondo de narrativa interesante, darle espacio suficiente al Teatro, a la poesía, ensayos sobre Arte y Filosofía. El resto de la librería se reparte entre libros de segunda mano del más variado pelaje y algunas ediciones antiguas más o menos valiosas. Al trabajar con este modelo era inevitable que la mayor parte de las editoriales con las que empecé a tratar fueran independientes y que por extensión, Ubú Libros se considere una Librería independiente.

Desde mi punto de vista, ser independiente no supone trabajar sólo con editoriales independientes sino mantener una forma personal en la elección de sus contenidos, sin mirar su origen. Consiste en tener un criterio propio que equilibre lo que entendemos que nuestros lectores piden y un escalón más, lo que les puede suponer un avance, una sorpresa, un descubrimiento. Dice un amigo que hay darle al cuerpo siempre un poquito más de lo que pida. Las librerías independientes son las que se quedan al margen de tendencias y modas, incluida la moda de lo independiente. Todo esto puede sonar como un  trabalenguas pero creo que en general tratamos de no tener prejuicios, de no mirar tanto el logo de la editorial como de escoger buenos libros y ediciones interesantes.  Nos gustan los libros bien ilustrados, por ejemplo, y los diseños llamativos de las portadas, claro que sí, pero sin abusar.

Parece bastante claro que las grandes editoriales, los grupos, el mercado, tratan de convencernos de que a todos nos gusta lo mismo. Es más fácil y rentable vender palés de un mismo título que plantearse la cuestión y en eso se empeñan. Las librerías de segunda mano no suelen rotar sus libros y se mantienen a flote mucho mejor que las de libro nuevo. Entre otras razones, porque poseen un buen fondo fijo de buenos libros y no tienen prisa por venderlos.

En este país se publica muchísimo, se vende poco y se lee todavía menos, eso nos repiten. Ante este panorama, pensamos que lo único que se puede hacer para sobrevivir es comprometerse con la diversidad, con la diferencia y lo pequeño. Sobre todo si queremos conservar el aliento y la integridad de la zona lumbar. Comprometerse con aquellas editoriales que apuestan por la singularidad y las pequeñas empresas que las distribuyen. Da la impresión que debajo de todo ese público consumidor hay una burbuja de lectores a los que les interesan los libros que les cuestionan, los que les hacen dudar y es más fácil que encuentren lo que buscan en lo independiente. Es necesario seguir atendiendo al cliente como un lector inteligente.

Es muy interesante comprobar como hay editoriales por aquí y allá, creciendo en los lugares más insospechados y modestos. Arriesgándose a mezclar géneros, a publicar a escritores con nombres impronunciables o algunos tan españoles que son imposibles de recordar. Quisiera señalar a la La uña rota, que edita teatro para ser leído. Podemos comprender la historia reciente de este país leyendo las obras de Juan Mayorga o las de Rodrígo García. O los ensayos sobre arte y política de la editorial Delirio, Capitan Swing, Traficantes de sueños, y tantas otras. Tantas editoriales de poesía que están cambiando la manera de editar en Andalucía, en Canarias, y especialmente en Sudamérica: La caja negra, la tumbona, Hueders, Huesos de Jibia. También  esas pequeñas revoluciones que convierten el libro en un objeto que habla sin palabras, como los de la editorial Belleza infinita. Otras editoriales de larga trayectoria que no se sabe bien de qué dependen como Acantilado, Anagrama, Pre-textos…y no sigo, no se puede citar todo.

Citar editoriales, recomendar libros… Del librero se suele esperar que haga recomendaciones a sus clientes, pero debo decir que yo confío de un modo especial  en los libreros que saben callarse y escuchar. Son esos libreros que colocan los libros de forma precisa de modo que los lectores que pasean encuentren por sí mismos sorpresas escondidas entre las baldas. Lo que Aby Warburg llamaba, en su biblioteca, la “ley de buena vecindad”. Es un sistema de clasificación arbitrario, no sistemático, por supuesto, y variable en el tiempo. Por desgracia, cada vez los lectores son menos mirones y van más sobre seguro. Me apena un poco que cada día recibamos más encargos por correo o Facebook y que cueste tanto que los lectores revisen ellos mismos las estanterías a la espera de que un libro les llame.
Prisas o pudor. Hace poco comentaba con un amigo que todo o casi todo lo que se oye decir acerca de las librerías en diferentes medios pasa por el fatalismo o la compasión. Nos parecía bastante contraproducente. Las personas tímidas temen que al entrar en una librería, el librero les interrogue, quedar en evidencia, y terminar comprando por compromiso o por piedad. Es inevitable que procuren pisar la librería solamente cuando tienen un encargo que hacer y salgan corriendo. Por esto reivindico, en parte, la figura invisible del librero que no intimida.

Es bastante complicado cerrar el círculo que lleva el libro a la mesita de noche del lector, realmente los libreros somos quienes solemos este último paso, al menos es la más directa. Las reuniones de los clubs de lectura, las tertulias improvisadas las mañanas de los sábados, las presentaciones de editoriales y lecturas de teatro y poesía me parecen actividades necesarias que nos recuerdan a lo que hemos venido. Es importante que los libreros no nos olvidemos de perder el tiempo, de leer y de acudir a actividades en las que se abre un libro, no sólo se vende. Nos asusta un poco terminar convertidos en un microbio de Amazon, en un almacén que reciba continuos pedidos de personas con nombre y apellido pero con la misma cara. Libros en paquetes, paquetes en correos, y vuelta a empezar. Seguramente la venta por internet sea un complemento indispensable para las librerías pequeñas con libros selectos, pero esperamos conseguir que nuestro trabajo no se reduzca a eso. Me parecen descorazonadoras algunas estrategias de marketing que, tratando de elevar las ventas, conllevan una devaluación del libro.  Me refiero a que los libreros ofrezcamos un regalo que no es un libro ni tiene nada que ver con los libros a cambio de que te lleves un ejemplar. Como un aliciente para la venta, un premio de consolación. Me parece, por un lado, que el trabajo de las editoriales y autores merece mucho respeto y por otro lado no creo que funcione a largo plazo. Creo que la manera de hacer bien nuestra parte de trabajo pasa por abrir los libros, leer y señalar, de la manera que mejor se sepa. Ahora más que nunca.

 

 

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